La Naturaleza Del Software

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Un niño y la tecnología

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Por D3NE (*)

Debo reconocer que cuando mi padre me pidió que escribiese algo para el aniversario de su blog, me pilló completamente desprevenido. No porque me cueste escribir o no quisiese hacerlo, sino porque no tenía idea de qué  podría escribir que tuviese alguna relación con lo que él suele publicar acá; tienen que pensar que yo suelo escribir sobre batallas épicas y exageradas proezas fantásticas o que la mayor parte de mis  documentos están inundados de sentimientos románticos o nostálgicos, por ende, tener que redactar algo para un blog tecno-filosófico era algo que se negaba a encajar en mi cabeza.

Pero, después de varios días en los que me esforcé pensando en qué redactar (la verdad había olvidado que tenía que hacerlo), llegó el día final del plazo y junto a él la idea; no escribiré sobre algo relacionado con el contenido del blog, escribiré sobre lo que la tecnología ha significado para mi a lo largo de mis 21 años y cómo el autor de este blog ha formado parte esencial en dicho proceso de “crecimiento tecnológico”.

Para este propósito es necesario remontarme al momento en el que mi vida dio un vuelco. Recuerdo que mi madre salía con Eduardo y nos llevó, por primera vez, al departamento en el que él vivía. Yo, como buen hijo, estaba celoso de la relación que mi madre pudiese tener con otro hombre, por lo cual, iba con la cara más larga y desagradable que pudiesen imaginar. Lo que sucedió después, cambió toda mi percepción hacia ese gran enemigo que era el nuevo “pololo” de mi madre; dentro del departamento, mientras me esforzaba en ser indiferente, algo llamó mi atención. Eduardo me llevó a su pieza y me mostró el aparato que me haría su más grande admirador, un computador. Sí, suene como suene, me vendí. Desde chico, al nacer en una época donde los computadores, los chats e internet comenzaban a tener su auge, me vi arrastrado por una fuerza superior a mi voluntad que me exigía disfrutar de la tecnología y descubrir todo lo que ella podía hacer para mi entretención. Entonces, al ver un pc que, además de ser muy potente para la época, tenía “Warcraft II” (un videojuego con un tinte fantástico-medieval) funcionando perfectamente en él, mi rabia, mis celos, mi frustración y mi egoísmo, desaparecieron inmediatamente.

¡Vamos, no me miren así!, era sólo un niño…

Claramente, ustedes podrían decir -y con cierta razón- que, para mi, el precio a pagar fue menor al beneficio que obtuve, es decir, entregué la “mano”  de mi madre por la oportunidad de disfrutar de aquella pieza de tecnología y me pareció completamente válido. Pero si tratase de explicarles mi razonamiento en aquel momento, perderíamos el hilo de esta pequeña publicación y mi padre terminaría mareado.

Lo importante de ese momento fue la alianza (y el pacto de no agresión) que instauré con mi padre, fue una que sólo yo conocía, pero él, de alguna forma u otra, sabía que me tenía en la palma de su mano y que, hiciese lo que hiciese, mientras alimentara esa hambre tecnológica no tendría que preocuparse del dragón que custodiaba a la princesa.

Pero más allá  del cambio a nivel sentimental y familiar, una idea fue sembrada en mi cabeza, una idea que con el pasar de los años crecería para convertirse en todo lo que hoy en día soy. La tecnología pasó a formar parte esencial de mi vida, siempre quería estar en el computador, quería aprender a hacer mis propias páginas webs, quería chatear, navegar, jugar, lo quería todo y, gracias a que el trabajo de mi padre estaba estrictamente relacionado con la tecnología y la computación, pude tenerlo. Pero Eduardo no sólo me facilitó los materiales para que creara, no. Él se encargó de instruirme, castigarme y felicitarme cuando fue requerido, me enseñó que la importancia no estaba siempre en lograr las cosas, sino, en intentarlas y ser constante, no tirar la toalla al primer fallo o dejar los proyectos tirados por cansancio o desgana (esto aún me lo repite). En resumen, me guió por un camino que yo estaba ansioso por recorrer.

Así pasó  el tiempo y aquel poderoso computador se convirtió en un débil y cansado aparato, necesité adaptar la tecnología a mis necesidades y pude hacerlo. Comencé a desarrollar una necesidad irrevocable de crear mis propias cosas, de sobresalir sobre el resto de los internautas en cosas tan simples como un juego o un cuento. El gigantesco universo de posibilidades y conocimientos que la tecnología puso ante mi me sirvió como un patio de juegos donde descubrí lo que quería ser; conocí otras culturas y personas, leí y aprendí a escribir, dibujé y aprendí a diseñar, las posibilidades eran infinitas y yo quise aprovecharlas, tal vez inconscientemente, para encontrarme a mí mismo.

En resumen, la tecnología entró en mi vida de forma tan inesperada como el amorío de mi madre, pero más allá de la potencia virtual, de los videojuegos y la oportunidad, fue el escritor de este blog quien, con una dedicación que hasta el momento yo desconocía, me enseñó a valorar mis pasiones y me llevó a encontrar virtudes que jamás creí poseer.

Felicitaciones por este nuevo aniversario, espero que este blog cumpla muchos más y que, sea como sea, continúe demostrando lo que el trabajo constante, la pasión y la tecnología, pueden hacer por las personas y el mundo.

(*) D3NE es Matías, mi hijo, y como ven es un gran escritor. También es creador de MetalGearSystem.Pueden leer más de él en su blog.

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