La Naturaleza Del Software

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Herramientas

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Mi padre, como buen electrónico, contaba con muchas herramientas interesantes, algunas peligrosas, como descubrimos con mucho dolor mi hermano y yo. Otras herramientas eran intrigantes, extrañas, y complicadas. Alicates, destornilladores, voltímetros o testers, osciloscopios o simples soldadores, placas para montar circuitos, unos lentes de aumento con visera y lupa que servían para revisar circuitos, o disfrazarse de extraterrestre, pero la mejor, mi favorita era ese “lanza dardos paralizantes usado en las guerras clónicas del siglo XXV en los cerros de Chuquicamata”, el “dessoldador a pistón”. Ahí hay una foto lo más parecido que encontré a este maravilloso aparato futurista, al menos para un niño de 11 años en 1977 (con esto comprenderán ahora porque me gustó tanto Super 8 )

un lanza dardos paralizadores del siglo XXV

Como todo buen técnico, mi padre cuidaba sus herramientas, y por cierto no creo que le causara mucha gracia que mi hermano y yo las “secuestráramos” para nuestras aventuras espaciales. Habían herramientas que el recibía de su trabajo, y otras que compraba el mismo. Alguien que trabaja con herramientas toma muy en serio su adquisición, y en la medida que podía invertía en herramientas de calidad.

Hay herramientas baratas, y otras carísimas todos hemos comprado herramientas, y sabemos que podemos comprar algún destornillador que no durará más que para alguna reparación rápida. Pero si uno es serio en esto de usar herramientas, entonces invertirá un poco más de tiempo y dinero, después de todo una buena herramienta no sólo durará, sino que también te permitirá ganar tiempo en tu trabajo.

Lo otro importante es el espacio donde desarrollas tus actividades, donde ocupas esas herramientas. Mi padre tenía su espacio propio, un lugar para él, su lugar sagrado, donde se reencontraba con sus herramientas, tal cómo lo hemos hecho los humanos desde los tiempos en que éramos cazadores-recolectores.

Cómo le dijo Joseph Campbell a Bill Moyer en El Poder del Mito:

“Esta es una necesidad absoluta para el mundo de hoy. Debe haber una habitación, o cierta hora, o cierto día, donde no sepas nada de lo que dicen los periódicos esa mañana, donde no sepas donde están tus amigos, donde no le debas nada a nadie. Este es el lugar donde puedes experimentar y traer de vuelta lo que eres y lo que deberías ser.” “Este es el espacio para la incubación creativa. Al principio verás que nada pasa allí. Pero si tienes tu lugar sagrado y lo usas, algo eventualmente pasará.”

Joseph Campbell

Para mi ese lugar sagrado está en mi casa, desde donde estoy escribiendo esto ahora, donde me acompaña ahora mi jarrón con un poco de te de menta, y nadie me interrumpe. Estoy yo, mis pensamientos, un teclado y 1920x1080 píxeles.

Este “locus de creación” es tan esencial cómo nuestras herramientas, es el lugar donde nuestra lanzas, hachas de piedra, arados, osciloscopios, teclados y lanza dardos paralizantes del siglo XXV se guardan, como objetos sagrados, que nos acompañan en nuestras aventuras.

Desde las puntas de lanza de la Cultura Clovis, hasta nuestros modernos aceleradores de partículas, hemos buscado perfeccionar nuestra herramientas, somos Homo Sapiens y Homo Faber, al mismo tiempo, o al menos lo somos aquellos que alteramos el mundo para adaptarlo a nuestras necesidades y deseos.

Imagino la fascinación que experimentaron aquellos primeros homínidos que tallaron esas antiguas piedras en los ríos de Zambia, las muestras más antiguas de nuestro pasado tecnológico. Sabemos que los simios superiores son capaces de usar herramientas, y recientemente hemos descubierto que algunos las construyen (aunque parece porque han aprendido de nosotros). Sin embargo, parece que somos los únicos seres que hemos hecho de esta habilidad de construir nuestra herramientas una ventaja evolutiva que nos ha permitido dominar (para bien o para mal) este planeta.

Tenemos el poder de crear y destruir almacenado en nuestras herramientas. Así de importantes son para nosotros. No creo que haya un ser humano que no use una herramienta de alguna clase, podemos decir que este realmente es uno de los aspectos esenciales de lo que nos hace humanos. Hasta el lenguaje podría ser considerado una herramienta, probablemente la más importante que hemos creado.

Maestría

La maestría en un arte u oficio sólo se alcanza cuando diseñas y llegas a construir tus propias herramientas, hasta que no has alcanzado esa etapa sólo eres un aprendiz en tu profesión.

Los programadores tenemos la ventaja de que podemos construir herramientas poderosas usando algo parecido a espacio sagrado que describí anteriormente, con teclados y pixeles, podemos crear universo de infinita complejidad como nos dice Weizenbaum, herramientas que nos permiten realizar milagros, o automatizar tareas rutinarias, que nos permiten crear cosas que no existían.

Recientemente un amigo ganó un importante premio usando las herramientas que él ha creado. Me refiero a Álvaro Graves, quien ganó el Health Metadata Challenge, un concurso que busca desarrollar nuevas funcionalidades tecnológicas usando los repositorios de open data del Departamento de Salud de Estados Unidos.

Álvaro Graves

Esto es notable, y muestra el poder de nuestra profesión, la que considero, sin ninguna vergüenza, como una de las más importantes que ha creado el ser humano, y probablemente una de las que cambie profundamente nuestra sociedad (como ya lo está haciendo).

Así que ahí está tu desafío, no basta con adquirir tus herramientas, tenerlas, y dominarlas, sólo podrás empezar a alcanzar la maestría en tu oficio cuando seas capaz de construir tus propias herramientas, e incluso crear las herramientas que otros van a usar.

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