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Un almuerzo en Lafayette Square

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En diciembre de 1942, la fecha es imposible de precisar, tres hombres se juntaron a almorzar en el restaurante del hotel Hay-Adams en Lafayette Square, Washington D.C. No se trataba de tres políticos, o generales preocupados del avance de la Segunda Guerra Mundial. Eran tres genios que estaban pensando en el futuro.

Cada uno de ellos ya había realizado una gran contribución a la ciencia. Aunque no sabemos de que hablaron en ese encuentro, probablemente esa tarde  se establecieron las bases para el desarrollo del computador digital moderno, y todo el desarrollo posterior de lo que conocemos como tecnología de la  información. Los tres hombres que se reunieron a almorzar en Lafayette Square eran nada menos que los padres fundadores de la informática: Alan Turing, Claude Shannon y John Von Neumann.

[caption id=”attachment_2642” align=”alignleft” width=”203” caption=”John von Neumann”][/caption]

Los dos primeros en arribar al restaurante fueron Turing y Shannon. Ambos trabajaban en proyectos secretos de criptografía en los laboratorios de AT&T. En aquel tiempo Alan Turing había dejado el liderazgo del grupo Hut-8 en Bletchey Park, el famoso centro sede de la Government Code and Cypher School del gobierno británico. El Hut-8 estaba a cargo de descifrar los mensajes cifrados mediante la máquina Enigma usada por  la marina alemana. Alan Turing había manifestado su interés de trabajar en el cifrado del habla humana, y para este fin solicitó visitar los Bell Labs. Varias veces compartieron mesa con Shannon en esta institución, y tenemos registro de que en una ocasión, durante la hora del té Turing le mostró su trabajo de 1936 sobre lo que conocemos actualmente como la  “Máquina Universal de Turing”. Por supuesto Claude Shannon quedó impresionado pues muchas de las ideas expuestas en ese documento eran complementarias con las suyas. El ya había desarrollado en su tesis de 1937 que era posible expresar sentencias de la lógica y la aritmética mediante la combinación de relés y circuitos eléctricos.

Aparte de compartir trabajo en Bell Labs, Turing y Shannon compartían el hecho de que en distintas épocas habían estudiado en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, ambos bajo la tutela de John von Neumann. Cuando Von Neumann se enteró de la visita de Turing organizó la cita con sus dos brillantes ex alumnos.

Dan Wohlbruck imagina la escena:

Ni Turing ni Shannon habían cenado previamente en el Hay-Adams y salieron pausadamente del taxi que habían compartido. Turing se volvió para admirar a La Casa Blanca que se encuentra justo al frente de Lafayette Square. Shannon, un verdadero americano del medio oeste, había visto la Casa Blanca pero no había disfrutado del lujo de un restaurante como el Lafayette Room. Un poco intimidado, Shannon esperó a que Turing tomara la iniciativa. Los hombres se sentaron en la mesa que von Neumann había reservado y esperaron a que su anfitrión llegara

[caption id=”attachment_2643” align=”alignright” width=”196” caption=”Alan Turing”][/caption]

Los dos hombres no podían ser más diferentes. Turing era bajo de estatura y estaba bien vestido. Shannon era alto, delgado y vestía de forma poco confortable. Aparte de haber sido ex alumnos de von Neumann, la única cosa que los dos hombres compartían era su proyecto común, y eso no les hacía bien porque no se les permitía conversar al respecto en público. Así que al no tener tema compartieron anécdotas  sobre Johnny.

John von Neumann era bien conocido y admirado en Washington. Su inteligencia era obvia sin ser ostentosa. El entregaba su experiencia y sabiduría sin desear favores. Cuando testificaba ante comités del congreso, senadores y representantes quedaban prendados de cada frase. Era confiable,  creible y conocido por todos.

De repente, el salón se quedó en silencio, en la medida que las miradas se volvieron al hombre que caminaba entre las mesas dede un extremo del restaurante a otro. Johnny von Neumann había llegado. Se detuvo para saludar al senador Truman y más allá para decir alguna palabra a un miembro del staff de la Casa Blanca. Sin pensarlo conscientemente, ambos Turing y Shannon se pusieron de pie y esperaron junto a sus silla como una muestra de respeto. Von Neumann finalmente llegó a la mesa y los tres hombres estrecharon sus manos con cálido afecto, entonces se sentaron y ordenaron el almuerzo.

Durante el café, cuando se retiraron los platos de comida, von Neumann llevó a sus antiguos alumnos a la discusión de un problema que enfrentaba.

[caption id=”attachment_2644” align=”alignleft” width=”170” caption=”Claude Shannon”][/caption]

Lo que siguió fue algo raro y posiblemente único. Estos tres compartían un tipo diferente de genialidad. La mente de Turing no conocía límites. El actuaba sin prejuicios ni inhibiciones y podía elaborar una solución sin preocuparse del saber convencional. Shannon, por su parte, era capaz de conectar dos campos de estudio diferentes encontrando cómo interactuaban. John von Neumann era un asimilador. Mientras Turing y Shannon podían explicar lo que debería hacerse, von Neumann podía describir cómo hacerlo.

“Alan”, dijo, “necesito una máquina que pueda razonar. Quiero algo que pueda alimentar con información, y a la cual pueda formular una pregunta y esperar por una respuesta.”

Turing consideró el desafío. Después de pensarlo un momento sugirió una aproximación. Shannon tuvo una inspiración y agregó su visión. En la medida que los dos hombres se entusiasmaban, von Neumann tomó notas y dibujó diagramas en una servilleta de papel. Cuarenta minutos después estaba listo.

Como broche de oro, Turing dijo: “y por lo tanto, esta máquina puede pensar.”

“Lo que me pregunto es ¿sobre qué podría pensar esta máquina?”, murmuró von Neumann…

El relato de Dan Wohlbruck es ficticio, la reunión de estos tres hombre sí tuvo lugar en ese hotel en diciembre de 1942, pero no podemos saber sobre que hablaron, pero es muy probable que hayan discutido sobre la forma de construir un computador digital de propósito general. Sabemos que von Neumann concretó su idea en un importante documento en que describe la arquitectura de computadores con programas almacenados en memoria, y que trabajo en los proyectos EDVAC y la famosa ENIAC, la primera computadora electrónica de propósito general. Turing conocía a Colosus, el computador secreto desarrollado por los británicos para descifrar los códigos alemanes,  también trabajo en los años posteriores en el  Manchester Mark 1.

Prácticamente todo computador moderno implementa el modelo de la máquina de Turing, se encuentra construido con circuitos lógicos básicos basados en los propuestos por Shannon y tiene un arquitectura similar a la propuesta por von Neumann.

Sin las ideas de estos tres grandes científicos no podrías estar leyendo este artículo en tu teléfono, tablet, o computador, ni yo sería capaz de escribirlo en mi notebook, y quizás nuestro mundo sería totalmente diferente. De todas maneras, me gustaría poder viajar en el tiempo y asomarme por las ventanas del Hay-Adams para ver a estos tres notables conversar…

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