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Causas Imaginadas

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Hay un tipo de falacia lógica llamada post hoc, que viene del latín “post hoc ergo propter hoc” (“después de esto por lo tanto, a consecuencia de esto”), y que es un problema de falsa causalidad. Esto se debe al principio de causalidad, de que todo efecto debe tener una causa, y que la causa precede al efecto: “como el gallo canta antes del amanecer todos los días, entonces el gallo provoca que salga el sol”.

Ahora bien, el sesgo de muestra, como el que revisamos en nuestro artículo anterior sufre de este tipo de falacia. Si vemos que el viento sopla y posteriormente se mueven las ramas y hojas de los árboles, es seguro concluir que el viento causo ese movimiento, ese razonamiento parece seguro. El problema es que no todas las relaciones de precedencias de eventos en el tiempo son determinantes de causalidad. En fenómenos físicos se puede encontrar finalmente las causas reales, porque los experimentos se pueden repetir, pero en teorías sociales, o incluso en divagaciones teológicas es muy frecuente que se caiga en la falacia post hoc.

Por ejemplo, la teoría de Malcolm Gladwell, de la ley de los pocos, cae en la falacia post hoc. Siempre que sucede un evento como un libro que es éxito de ventas, una gran película que rompe la taquilla, un artista que se hace famoso repentinamente, o un producto que se vuelve exitoso, hay alguien que empieza a comprar o hacer algo relacionado con este evento antes que los demás, y esa persona aparecerá como influyente. Watts critica esta visión de los pocos influyentes que generan estas epidemias sociales, pues hay una serie de otros factores que desencadenan esta influencia accidental.

El problema es que la falacia post-hoc puede generar estos influenciadores accidentaless. Por ejemplo, consideremos la epidemia del SRAS, el Sindrome Respiratorio Agudo Severo, o SARS como se le conoció en inglés. A fines de 2002 esta enfermedad surgió en Honk Kong. Los estudios posteriores hechos por los epidemiólogos determinaron que una única persona, un hombre joven que había viajado desde el interior de China a Honk Kong por tren, y que había sido admitido en el hospital Prince of Wales de Hong Kong, había infectado a 50 personas, lo que llevó a 156 casos sólo en el hospital. Subsecuentemente, el brote en el hospital Prince of Wales llevó a un segundo brote en Hong Kong, que terminó en la difusión de la epidemia en Canadá y otros países.  Basados en estos ejemplos, los epidemiólogos han llegado al convencimiento de que la seriedad de las epidemias depende des proporcionadamente del comportamiento de unos sujetos especiales, los superspreaders (como la famosa María Tifoidea).

Pero al analizar con más cuidado el caso del SARS nos revela que la causa real del problema fue un mal diagnóstico de neumonía cuando el paciente ingresó al hospital. En vez de mantenerlo aislado (el procedimiento estándar cuando se recibe a un paciente con un virus respiratorio desconocido), el paciente fue colocado en una sala abierta con una pobre circulación de aire. Es más, dado que fue mal diagnósticado de neumonía, se le colocó un ventilador bronquial, el que comenzó a esparcir una gran cantidad de particulas virales en al aire alrededor de él. Las condiciones de la sala, repleta de gente, resultó en que una gran cantidad de pacientes y funcionarios del hospital se enfermaran también. Estos eventos fueron muy importantes en la difusión de la enfermedad, al menos localmente.

Visto así, el paciente no parece ser tan importante, como los detalles de su tratamiento. Antes de esto, nada de lo que se supiera del paciente nos habría hecho sospechar de que hubiera algo especial en esa persona, porque no hay nada especial en ese paciente.

En los eventos que pasaron después del brote en el hospital Prince of Walles, tampoco hay nada especial en las personas que difundieron el virus. De hecho en el segundo brote en Hong Kong en un edificio de departamentos, hay una secuencia de otros elementos adicionales, como una filtración en la plomería del edificio que explica la difusión del virus (en este caso un habitante del edificio había sido tratado en el hospital, allí se infectó con SARS,  al volver a su departamento sufría de diarrea).

Como ven  el sentido común nos engaña nuevamente, al generar causa plausibles, donde aparecen personas especiales, o con atributos especiales, como las causantes de eventos extraordinarios. Esto, sumado al hecho de que se tiende a descartar muchos otros detalles y evidencias, llevan a dejar una sola hebra que lo explica todo.

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