La Naturaleza Del Software

LNDS

Tambores parlantes

| Comentarios

“El problema fundamental de la comunicación es el de reproducir en un punto, ya sea exacta o aproximadamente, un mensaje seleccionado en otro punto. Frecuentemente los mensajes tienen significado.” – Claude Shannon

Cuando adolescente me regalaron un bombo legüero, que aún conservo. Se llama legüero porque se dice que, con las condiciones adecuadas, su sonido se puede escuchar a una legua de distancia (entre 4 a 5 kilómetros).

El tambor es una antigua forma de comunicación. Tenemos campanas, y otros tipos de instrumentos de percusión, como los triángulos o el gong, que nos permitieron indicar acontecimientos mediante señales: ¡fuego!, ¡es hora de comer!, ¡vienen los realistas!, etc. Los ejércitos aprendieron a hacer señales asociadas a redobles, y así. Pero la más notable de todas estas formas de comunicación son los tambores parlantes africanos.

Tambores que hablan

No era simple hablar con tambores:

El tamborilero no diría, “Vuelve a casa”, sino que más bien,

Haz que tus pies vuelvan por el camino por el que fueron, haz que tus piernas vuelvan el camino por el que fueron, planta tus pies y tus piernas de nuevo, en la aldea a la que pertenecemos.”

– James Gleick

James Gleick en su libro The Information: A History, a Theory, a Flood, nos revela la historia de cómo el resto del mundo llegó a comprender el misterio de los tambores parlantes africanos. Aunque muchos exploradores y viajeros habían escuchado los tambores sub saharianos, nadie sabía que llevaban información, que de hecho hablaban.

A mediados del siglo XIX ,en una expedición al rio Niger, organizada por la “Sociedad para la extinción de la esclavitud”, el capitán William Allen hizo un descubrimiento importante, al ponerle atención a su piloto camerunés, a quien  llamó Glasgow. Estaban en la cabina de la nave cuando el capitán notó que su piloto se encontraba abstraido escuchando los tambores. “¿No escuchas a mi hijo hablar?”, le preguntó Glasgow. Como no habían escuchado voces, le preguntaron cómo sabía que su hijo le hablaba. “El tambor me habla, me dice que salga a la cubierta.” El asombro fue mayor, y el capitán anotó por primera vez las increíbles capacidades de comunicación de estos tambores, que podían transmitir mensajes por grandes distancias. Una tecnología que aún no se desarrollaba en Europa, la capacidad de enviar mensajes más rápido que con mensajeros a caballo.

Los exploradores y misioneros comenzaron a registrar y transcribir estos mensajes.

El anuncio de un nacimiento en Bolenge, una villa en el Congo Belga, iba así: Batoko fala fala, tokema bolo bolo, boseka woliana imaki tonkilingonda, ale nda bobila wa fole fole, asokoka l’isika koke koke.

Las esteras están enrolladas, nos sentimos fuertes, una mujer vino desde el bosque, ella está en la villa abierta, eso es suficiente para su tiempo.

Un misionero, Roger T. Clarke, transcribió esta llamada a un funeral de un pescador:

La nkesa laa mpombolo, tofolange benteke biesala, tolanga bonteke bolokolo bole nda elinga l’enjale baenga, basaki l’okala bopele pele. Bojende bosalaki lifeta Bolenge wa kala kala, tekendake tokilingonda, tekendake beningo la nkaka elinga l’enjale. Tolanga bonteke bolokolo bole nda elinga l’enjale, la nkesa la mpombolo.

En la mañana al amanecer, no queremos reunirnos para el trabajo, queremos una reunión de juego en el río. Los hombres que viven en Bolenge, no vayan al bosque, no vayan a pescar. Queremos una reunión de juego en el rio, en la mañana al amanecer.”

¿Por qué son tan grandilocuentes, y aparentemente ineficientes, estos mensajes por tambor?

La explicación la tenemos gracias al trabajo de John. F. Carrington, un misionero inglés, nacido en 1914.  A los 24 años se dirigió al África y se estableció de por vida en ese continente. Descubrió que los tambores no usaban un sistema de señales, no había código, para decirlo en términos modernos, en estas transmisiones. Los tambores transmitían poesía, oraciones, incluso chistes. Los tambores literalmente se usaban para hablar.

Carrington aprendió a tocar los tambores, en particular dominaba el Kele, un lenguaje de la famila Bantu, del este de Zaire. Los nativos decían que en realidad él no era europeo, a pesar de su color, Carrington era uno de ellos. Que al morir los dioses  habían enviado su alma por error a Inglaterra, al cuerpo de un bebé. Pero como era africano no pudo evitar volver. Generosamente los aldeanos decían, que si a veces sus mensajes por tambor sonaban extraños, era por la pobre educación que los blancos le habían dado.

Carrington se convirtió en una autoridad lingüistica en la estructura de las familias de lenguajes africanos. Sus descubrimientos los publicó en un libro titulado: “The Talkin Drums of Africa” (Los Tambores Parlantes de África) en 1949.

Para entender el misterio de los tambores parlantes hay que conocer la estructura de los lenguajes africanos. Estos son lenguajes tonales, donde el sentido está determinado por la subida o bajada del tono al pronunciar vocales o consonantes. Nuestra lengua no tiene este tipo de cambio de tonalidades, salvo cuando hacemos una pregunta, o exclamación. Pronunciamos “¿estás feliz?” de forma distinta a cuando decimos “estás feliz”, en el caso de la pregunta hay una ligero alzamiento del tono al final de la frase. Eso es lo que los lenguajes africanos aplican a todas sus vocales y consonantes.

Por ejemplo, la palabra lisaka, pronunciada con las tres sílabas bajas significa charco, cuando se pronuncia subiendo el tono en la última sílaba, sin necesariamente cargar la voz o acentuar, significa promesa, y pronunciada de otra forma puede significar veneno.

Carrington observó cuan cómica la confusión puede ser:

alambaka boili [- _ _] = el miró la orilla del río alambaka boili [—- _ - _ ] = el hirvió a su suegra

El tambor transmite el tono, pero no la altura, por eso en el lenguaje de los tambores se transmiten las consonantes representadas por los diversos tonos de los distintos tambores. El problema es que esto produce ambigüedades, por ejemplo, dos tonos altos de tambor en Kele, pueden ser sango, que significa padre, o songe que significa luna. Para evitar esta ambigüedad se introducen palabras adicionales que crean una frase que permite identificar la palabra. Por ejemplo, para decir la luna se usa la frase ”songe li tange la manga” (“la luna se ve abajo en la tierra”). Los golpes adicionales proveen contexto. Escucha una muestra del sonido de los tambores parlantes

Lo que hacen estos sonidos extras es introducir bits adicionales de información para corregir y desambiguar el mensaje. La redundancia, aunque ineficiente, evita la confusión del mensaje.

Sobretodo cuando estamos en un ambiente ruidoso, por ejemplo, en las radio comunicaciones, entre pilotos de avión y torres de control, se usa un lenguaje que introduce redundancia para disminuir los errores. En vez de decir E C T, se dice Eco, Charly Tango.

[caption id=”attachment_1702” align=”alignleft” width=”150” caption=”Ralph Hartley”][/caption]

Después de publicar su libro Carrington se encontró con una fórmula matemática que ayuda a entender esta necesidad de la redundancia. En 1928 un artículo de un ingeniero de Bell Labs, Ralph Hartley, establecía la fórmula:

H = n log s = log sn

donde H es la cantidad de información, n es el número de símbolos de un mensaje, y s es el número de símbolos disponibles en el lenguaje.

Lo que dice esta fórmula es que mientras menos símbolos se tengan disponible, mayor cantidad de estos deben ser transmitidos para una cantidad dada de información. Para el caso de los tambores parlantes, los mensajes tienen que ser al menos ocho veces más largo que sus contrapartes habladas.

Aunque el trabajo de Hartley se concentraba en el caso de lenguajes codificados, como el código Morse, pensó que este trabajo se podía generalizar a todo tipo de comunicación, escrita o hablada, también como a la transmisión física del sonido a través de ondas electromagnéticas, por cierto, Hartley no sabía nada de los tambores africanos. Sería un joven colega suyo en Bell Labs quien asumiría ese desafío al elaborar una teoría de la información, nos referimos a Claude Shannon, cuyo trabajo analizaremos en otra ocasión.

Carrington empezó a comprender que los adelantos tecnológicos harían desaparecer a los tambores parlantes del escenario africano. El vio como la juventud Lokele practicaba cada vez menos con los tambores. En 1954 un visitante norteamericano lo encontró a cargo de una escuela misionera en el puesto Congolés de Yalemba. Carrington aún caminaba internándose en la selva, cuando era el momento de almorzar su mujer lo convocaba con un rápido redoble en tambores que decía:

“Hombre blanco, espíritu en el bosque, ven, ven a la casa de los altos matorrales sobre el espiritu del hombre blanco en el bosque. La mujer con las batatas espera. Ven, ven.”

Los textos citados están tomados del primer capítulo del libro The Information: A History, a Theory, a Flood de James Gleick. La imagen del libro de Carrington está tomada de Amazon, lamentablemente el libro no está disponible.

Este artículo en Wikipedia (en inglés) describe a los lenguajes tonales.

Comentarios