It is the pervading law of all things organic and inorganic, of
all things physical and metaphysical,of all things human and all things superhuman —of all true manifestations of the head, of the heart, of the soul— that the life is recognizable in its expression, that form ever follows function. This is the law.

Para el arquitecto Louis Sullivan, admirador de los pensadores racionalistas norteamericanos como Thoreau, Emerson, Whitman y Melville, existía un sólo credo estético, con una regla simple “que no permite excepciones”, la “forma siempre sigue a la función”.
Sullivan desarrolló el concepto de rascacielos con estructura de acero en el Chicago de fines del siglo XIX. Las fuerzas de la economía y la tecnología convergían en ese momento y había que diseñar algo nuevo, fuera de los antiguos patrones escritos en viejos libros de arquitectura. Para Sullivan si algo tenía que determinar la forma, esto sería el propósito del edificio. La propuesta de Sullivan es que la “forma sigue la función, versus el anterior credo de que “la forma sigue al precedente”. Hasta ese tiempo, la arquitectura se basaba en el principio de que la arquitectura debía re utilizar las grandes formas de la antigüedad.






